Garzón sabía que la tortura es delito de lesa humanidad, imprescriptible, y optó por poner tierra por medio de sus felonías anteriores, proclamándose, con un cinismo propio de una mente enferma, en brigadista internacional de los derechos humanos. Ahora es presidente de la Fundación Internacional Baltasar Garzón Pro-derechos humanos y Jurisdicción Universal; presidente y director ejecutivo del centro internacional de derechos humanos de la Unesco. Un zorro cuidando gallinas.

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